Frase de la semana

Frase de la semana:
“En este mundo traidor

nada es verdad ni mentira
todo es según el color
del cristal con que se mira”
Ramón de Campoamor.

martes, 28 de junio de 2011

¿Conectados?


Hace un par de días, alguien me comentó que un compañero de trabajo -con quien se encontraba en una junta importante- se vio en la necesidad de apagar su teléfono celular, porque no paraba de sonar o emitir señales de alerta por la llegada de correos o mensajes.

Por este motivo, una llamada realmente importante -concerniente a la salud de su hijo- no pudo ser atendida, y las personas que lo requerían debieron comunicarse con personal que se hallaba fuera de la reunión y solicitar que lo localizaran y dieran el mensaje urgente.

Esto me hace reflexionar sobre el uso que damos a estas increíbles herramientas que tenemos a nuestro alrededor. Son claramente útiles, nos acercan información y nos permiten comunicarnos más y mejor. Pero como todo elemento de apoyo para la realización de una tarea o actividad, debe ser utilizado con criterios.

El avance vertiginoso de las innovaciones, que nos caen por la cabeza en forma de avalancha a veces, impide la asimilación adecuada de cada una. Familiarizarse verdaderamente con cualquier objeto requiere tiempo, utilizarlo con destreza y ser consciente tanto de las ventajas como de los riesgos que implica su uso conlleva más o menos tiempo.

Cuanto más complejo es el instrumento mayor cantidad de tiempo requiere desarrollar un criterio de uso, para que sea efectivamente útil, en vez de una carga incontrolable que obstaculiza la vida cotidiana.

Tenemos a la mano los artilugios tecnológicos más avanzados y deslumbrantes, pero -por el momento- ellos nos gobiernan a nosotros. Aprender a seleccionar la información importante, elegir las conexiones que realmente requieren acceso no restringido a nosotros y escoger las vías de intercambio en función de la importancia o urgencia del mensaje, es parte de los criterios que debemos desarrollar para poder aprovechar el potencial de estas herramientas, y para evitar ser engullidos en la vorágine de la innovación frenética.

Florencia Caliendo




















miércoles, 22 de junio de 2011

La vida de las cosas

“Las cosas ya no duran nada” es una frase más o menos frecuente. Pero creía que era una sensación injustificada, en especial en boca de gente mayor, que tienden a pensar que todo tiempo pasado fue mejor –quizá porque la juventud es un lente mágico que todo lo embellece.

Como un rumor circulaba la idea de que las cosas eran cada vez de peor calidad para que los consumidores compráramos con asiduidad. Pero de esa vaga idea a la certeza había un solo paso. Y Cosima Dannoritzer lo dio cuando concibió 'Comprar tirar comprar', un documental sobre la caducidad programada.

En esto, las organizaciones soportan una gran carga, ya que son las principales promotoras de este modelo de consumo irracional, pero también son la clave del cambio rápido y eficiente. Sin duda, la tecnología digital ha beneficiado a millones y ha permitido avances extraordinarios, pero la carrera de la innovación está trágicamente ligada a la de la moda.

Estamos viviendo un momento crucial. Es ahora o nunca, ya que pronto no habrá marcha atrás en asuntos como deshielo, desforestación, exceso de residuos, contaminación, etc. A cada instante queda menos tiempo para reflexionar y tomar la decisión correcta…

Florencia Caliendo

Quino


lunes, 13 de junio de 2011

El mundo que nos rodea



Desde hace mucho tiempo, oímos que nuestra forma de producción es nociva para el medio ambiente y para el ser humano, no sólo por la contaminación generada, sino también por la desigualdad que instala entre pobre y ricos, educados e ignorante, conectados y desconectados.


“Si se mantienen las tendencias actuales de crecimiento de la población mundial, industrialización, contaminación ambiental, producción de alimentos y agotamiento de los recursos, este planeta alcanzará los límites de su crecimiento en el curso de los próximos cien años. El resultado más probable sería un súbito e incontrolable descenso tanto de la población como de la capacidad industrial”. (D.L. Meadows y otros, Los Límites del Crecimiento, 1972)

Yo intento poner mi granito de arena: separar la basura, usar materiales biodegradables, ahorrar energía, reusar y reciclar todo cuanto puedo. Pero lo cierto es que resulta evidente la necesidad de generar planes de escala regional o nacional que vinculen todas las dimensiones que intervienen en este sistema que llamamos sociedad.

Lo que sí está en nuestras manos es exigir a nuestros gobiernos que propongan verdaderas soluciones nuevas, que respondan a esta nueva visión global que está surgiendo, en vez de responder con viejas fórmulas. ¿Y si no encontramos esas propuestas? ¿Nos tocará involucrarnos más activamente y realizarlas nosotros mismos? ¿Ustedes qué opinan?

Florencia Caliendo



Quino

sábado, 11 de junio de 2011

Una verdad incómoda

Este documental -que ya tiene cinco años- muestra argumentos científicos en palabras sencillas e imágenes muy elocuentes, tanto desde el punto de vista racional como emotivo. Su objetivo principal es concientizar a los individuos sobre el calentamiento global, pero también denunciar el manejo fraudulento de los medios que ponen en duda la veracidad de la situación y la manipulación política (dirigida por las grandes empresas) que crea una falsa disyuntiva entre economía y medio ambiente.

En este sentido, se percibe una grave falta de alineación de objetivos personales y corporativos, elemento esencial de la sustentabilidad de una organización. Lograr esta integración de objetivos –económicos, ecológicos y sociales- es parte de la labor del comunicador organizacional. Para lograrlo es necesario contar con una visión holística, percibir claramente la manera en que la organización se inserta en la comunidad local y en el entorno global, y cómo los pequeños cambios pueden repercutir en una escala mayor.

Pero el cambio es el resultado de un proceso de re-aprendizaje; es decir, la incorporación de nuevos hábitos que reemplacen viejas y dañinas costumbres. Estas modificaciones requieren de tiempo y perseverancia para implantarse definitivamente, y debe tomarse en cuenta también que siempre se generan resistencias ante la perspectiva de abandonar cierta forma de hacer las cosas, ya que las personas establecen lazos emocionales con sus acciones y fundan parte de su identidad en ellas.

Por este motivo, la estrategia de Al Gore es muy interesante, ya que con sus conferencias, y con el documental, establece razonamientos lógicos que avalan los beneficios del cambio, pero también hace alusiones emocionales –su niñez, el accidente de su hijo, la muerte de su hermana, la metáfora de la rana, etc.- para despertar empatía en su público e impactar positivamente en sus consciencias, en una palabra: sensibilizarlos.  Desde su posición de líder, influye en sus oyentes, y si bien no evalúa su talento o sus valores, apela a la reflexión sobre los mismos.

En definitiva, lo que se busca es modificar la forma de producción económica capitalista –basada en la explotación desmedida de los recursos naturales- y garantizar un uso racional de la tecnología. Pero su mensaje no se dirige al gobierno o a las grandes empresas, sino a los ciudadanos; por un lado puede interpretarse que en una democracia, el verdadero agente de cambio es el pueblo, ya que es quien ejerce la soberanía y quien delega periódicamente el poder de decisión en sus representantes. Visto así, la cúpula directiva de una nación es su pueblo.

Por otro lado, resuenan en mi cabeza las palabras de Peter Senger, leídas en La danza del cambio: “Los cambios profundos no proceden de las cumbres directivas”. Entonces... ¿De dónde?

Florencia Caliendo.

Una verdad incómoda (Documental completo)


Quino



martes, 31 de mayo de 2011

El poder de la información (parte 2)


Como ya he mencionado, el acceso a internet implica mucho más que poder sentarse frente a una computadora (propia o rentada por minuto). Pero también es verdad que esta posibilidad de conexión redimensiona tiempo y distancia en la vida cotidiana, así como el famoso dicho de que “la historia la escriben los vencedores”.

Las NTIC (nuevas tecnologías de la información y la comunicación) ponen al alcance de millones la posibilidad de generar información, transmitirla y retransmitirla  a cientos de personas en minutos, y siempre desde su particular punto de vista. No es que esto democratice radicalmente a la sociedad, pero sí le roba -aunque sea una pequeña parte- protagonismo a los medios masivos, como la radio, la televisión y la prensa escrita, que han respondido históricamente (explícita o implícitamente) a determinados grupos de poder.

Aunque aún falta mucho camino por recorrer, nos enfrentamos a la posibilidad de una construcción compartida, menos homogénea y con una visión tanto local como global. Esta nueva forma de interacción establece una postura diferente de la que se ha vivido hasta el momento frente a las “noticias”.

Es decir, poder fotografiar -con un teléfono celular- un hecho que acaba de ocurrir ante nuestras narices y difundir esa imagen por correo o en redes sociales, nos instaura en la posición de “reporteros”, de observadores. Esta acción nos involucra inevitablemente en el suceso, porque decidimos captar la imagen, desde ese punto de vista y no otro, y difundirla. Lo mismo ocurre con cualquier comentario verbal o decisión de circular un archivo –audio, video o texto- realizado por otro.

De igual manera funciona Wikipedia, “autodefinida como un esfuerzo colaborativo por crear una enciclopedia gratuita, libre y accesible por todos”. Este compendio de información permite escribir, agregar, revisar, editar y solicitar artículos (entre otras acciones). “Sus más de 17 millones de artículos en 278 idiomas y dialectos han sido redactados conjuntamente por voluntarios de todo el mundo”.

Esta construcción comunitaria de significados y conocimientos empuja a las personas a una nueva forma de vivencia social, que implica a su vez una actitud más activa y comprometida. Cada vez más gente tiene en sus manos la capacidad de incorporar información a la enciclopedia, y a la red en general, con la responsabilidad que conlleva.

¿Somos conscientes de todo lo que implica esto?

Florencia Caliendo




viernes, 27 de mayo de 2011

El poder de la información (parte 1)

  
La importancia de la información -su generación, circulación y consumo- no es un concepto nuevo; varios autores, desde la teoría o la literatura, anunciaron el advenimiento de una era regida por el conocimiento en su acepción más amplia.

En 1979, Jean-Francois Lyotard afirmaba en su libro La Condición Posmoderna que, al igual que los hombres habían luchado por conquistar territorios en el pasado, y se afanaron después por el poseer el control sobre la disponibilidad de materias primas, tecnología industrial y mano de obra barata, en el futuro se disputarían el dominio de la información.

Pero hace más de 50 años, George Orwell ya hacía mención del poder de la información en su visión del futuro en 1984, cuando su personaje principal –Winston Smith- cumple con su trabajo cotidiano, en el Ministerio de la Verdad, manipulando o destruyendo documentos históricos con el objeto de que éstos concuerden con la versión oficial de ese momento. El afán de controlar la información llegaba hasta el punto de mandar a reimprimir periódicos viejos con los cambios convenientes a la situación actual.

Entonces, si la información ha ganado un alto valor de uso y de cambio en estos tiempos, se puede deducir que quienes carezcan de recursos económicos no tendrán acceso a ella y a ninguno de los beneficios que su consumo conlleva.

Es así, como el acceso a internet y a otras tecnologías que permiten el intercambio de información a distancia y en forma inmediata, no es más que la punta de un iceberg llamado DESIGUALDAD SOCIAL, que se compone de carencias educativas y sanitarias, discriminación étnica, etaria y de género y, en términos generales, de la poco equitativa distribución de la riqueza –tanto a nivel mundial como local.

Sin duda, nos encontramos ante una situación compleja que no puede analizarse en forma de dicotomía (“ellos y nosotros”, “los que tienen y los que no tienen”), porque esta reunión de variables establece una situación multidimensional, con diferentes combinaciones que aportan resultados reveladores, como que las culturas orientales suelen privilegiar el consumo de tecnología debido a la alta valoración cultural que tiene el recibir una buena educación. Componentes culturales como éste son los que complejizan el estudio y la generación de una solución democratizadora.

Por otra parte, de todos los componentes que intervienen en el acceso a la información, el más importante parece ser la educación, ya que sirve de detonador en varios planos; es decir, la educación –y me refiero particularmente a la pública- puede  acortar las distancias entre aquellos con un alto ingreso (que pueden proveerse de lo que necesitan para participar en el ciberespacio) y aquellos con ingresos medios y bajos –con menos posibilidades.

Así, la educación pública es la que pone al alcance la herramienta, pero también la instrucción necesaria para operarla. Pero con “operación” no me refiero sólo a saber qué botón apretar, sino a la capacidad cognitiva y al bagaje simbólico necesario para realizar las lecturas e interpretaciones pertinentes.

No basta con conocer el procedimiento, es necesario conocer el código, el lenguaje con que se transmite e intercambia la información, para poder usarla adecuadamente y aprovechar todo su potencial.

Florencia Caliendo