Durante siglos, la obra cumbre de Nicolás Maquiavelo, El príncipe, ha inspirado a políticos, estrategas y hasta administradores y vendedores. Personalmente, considero que este tratado que habla sobre el poder -su conquista y conservación- ya es obsoleto.
En primer lugar, porque nunca he creído que “el fin justifica los medios”. Si cualquier acción es pertinente para alcanzar la meta, entonces pierdo de vista que la meta forma parte del camino, y de mí, y cuando la establezco, los métodos utilizados son inherentes a la meta, ya que su obtención es el resultado de un proceso.
Si mi fin es lograr justicia, o equidad, que sentido tendría intentar alcanzarla por medios injustos, inequitativos o deshonestos. En ese instante ya no alcancé la meta y anulé toda posibilidad de alcanzarla.
En segundo lugar, actualmente se han descubierto las enormes ventajas de entablar relaciones incluyentes, del trabajo en cooperación, en vez de los antiguos lazos competitivos y excluyentes. Sin duda la participación y la integración son más productivas y duraderas que la dominación y el sometimiento.
Como ya he mencionado, el acceso a internet implica mucho más que poder sentarse frente a una computadora (propia o rentada por minuto). Pero también es verdad que esta posibilidad de conexión redimensiona tiempo y distancia en la vida cotidiana, así como el famoso dicho de que “la historia la escriben los vencedores”.
Las NTIC (nuevas tecnologías de la información y la comunicación) ponen al alcance de millones la posibilidad de generar información, transmitirla y retransmitirlaa cientos de personas en minutos, y siempre desde su particular punto de vista. No es que esto democratice radicalmente a la sociedad, pero sí le roba -aunque sea una pequeña parte- protagonismo a los medios masivos, como la radio, la televisión y la prensa escrita, que han respondido históricamente (explícita o implícitamente) a determinados grupos de poder.
Aunque aún falta mucho camino por recorrer, nos enfrentamos a la posibilidad de una construcción compartida, menos homogénea y con una visión tanto local como global. Esta nueva forma de interacción establece una postura diferente de la que se ha vivido hasta el momento frente a las “noticias”.
Es decir, poder fotografiar -con un teléfono celular- un hecho que acaba de ocurrir ante nuestras narices y difundir esa imagen por correo o en redes sociales, nos instaura en la posición de “reporteros”, de observadores. Esta acción nos involucra inevitablemente en el suceso, porque decidimos captar la imagen, desde ese punto de vista y no otro, y difundirla. Lo mismo ocurre con cualquier comentario verbal o decisión de circular un archivo –audio, video o texto- realizado por otro.
De igual manera funciona Wikipedia, “autodefinida como un esfuerzo colaborativo por crear una enciclopedia gratuita, libre y accesible por todos”. Este compendio de información permite escribir, agregar, revisar, editar y solicitar artículos (entre otras acciones). “Sus más de 17 millones de artículos en 278 idiomas y dialectos han sido redactados conjuntamente por voluntarios de todo el mundo”.
Esta construcción comunitaria de significados y conocimientos empuja a las personas a una nueva forma de vivencia social, que implica a su vez una actitud más activa y comprometida. Cada vez más gente tiene en sus manos la capacidad de incorporar información a la enciclopedia, y a la red en general, con la responsabilidad que conlleva.