Frase de la semana

Frase de la semana:
“En este mundo traidor

nada es verdad ni mentira
todo es según el color
del cristal con que se mira”
Ramón de Campoamor.

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sábado, 14 de abril de 2012

Cómo consumimos redes sociales

El pasado 13 de abril participé en una mesa redonda sobre redes sociales, junto con Daniela Whaley y Olimpia Solp, en Casa de Cultura Comunitaria Teteshka. Les comparto a grandes rasgos lo que platiqué en esa ocación:
 
Para empezar, me gustaría mencionar algunas cifras estadísticas para darnos una idea de lo que implica el uso de las redes sociales en México. La información la extraje de la página de internet de la Asociación Mexicana de Internet.

En primer lugar me gustaría destacar que existen en el país casi 35  millones de usuarios de Internet. De es grupo, el 61% usan las redes sociales. Eso significa que aproximadamente 21 millones de personas consumen información de redes sociales, de los cuales 6 de cada 10 visitan las redes sociales por lo menos una vez al día. En resumen, millones de personas generar o replican textos, fotos o material audiovisual que puede ser visto por sus contactos y por los contactos de sus contactos.
Por ahora la gente suele conectarse básicamente desde sus casas, pero cada vez más se están registrando conexiones desde dispositivos móviles (que hasta el momento son de apenas un 18%).
Entonces me pregunté ¿quiénes se conectan más? Y la respuesta fue abrumadora: 82% de los utilizan una red social tienen entre 18 y 29 años de edad. Otro dato que me pareció relevante fue que el 64% de los usuarios de Twitter son mujeres.
¿Y es raro que sea así? No… Históricamente, son los adolescentes y jóvenes quienes se adaptan más fácilmente a lo nuevo, en este caso la tecnología; son ellos quienes crean sus códigos para diferenciarse de sus antecesores, su estilo propio para hacer y decir. De igual manera, somos las mujeres quienes –por educación o por genética- nos comunicamos más, estamos más abiertas y dispuestas al intercambio, a compartir, a escuchar y difundir la información que nos llega.
Esto me hizo pensar. ¿Estamos realmente ante un cambio social? ¿Ante una transformación radical de la comunicación humana? Creo que no. Estamos ante un nuevo medio que permite la expresión individual (cosa que los clásicos medios de difusión como la televisión y la radio no facilitaban).
Evidentemente, este medio tiene un soporte tecnológico que implica aprender el uso de la herramienta. Esto se le facilita enormemente a quien está familiarizado con esta tecnología (los famosos nativos digitales vs. los migrantes digitales. Y me animaría a agrega a los “dinosaurios digitales” que nacieron sin televisión siquiera y ahora se ven obligados por la necesidad a usar Skype, Messenger, correo electrónico, y cámaras de fotografía digitales y teléfonos celulares).
Hace poco asistí a una conferencia sobre este mismo tema y uno de los ponentes (Renato Guillen, “tuitero” veterano a sus veintitantos)  hizo explícito un punto que, por obvio tal vez, olvidamos enfatizar: las redes sociales existen desde siempre, estas son redes sociales “virtuales” –mediadas-. Y creo que es pertinente mencionar esto y explicarlo un poco.

Desde un punto de vista comunicacional, una persona está en relación con otros -interlocutores potenciales- en diferentes ámbitos: la casa, el trabajo, la escuela, el partido, el sindicato, el club de tejido, etc. Esos espacios conforman redes, porque una persona no se relaciona únicamente con otra, no es una relación lineal, es una relación en red.

No ha cambiado mucho la forma en que nos relacionamos. Aunque ahora tenemos más posibilidades de entrar en contacto con gente que piensa o siente en forma similar aunque esté lejos –en otra época no hubiéramos sabido ni que existía. Y con esto me quiero referir a que sí cambió el modo de percibir el tiempo y las distancias.
 
Cuando algo demora más de 4 segundos pensamos o decimos abiertamente “qué lento está el sistema” y nos parece –mientras no tengamos que recorrerlos- que los km que nos distancian de Japón, Australia o Argentina no son tantos, ya que tenemos información de esos lugares en abundancia y podemos comunicarnos con gente de allá por videollamadas. Pero si pensamos que viajando a más de 700 km por hora se tardan 10 hs o más, entonces ya no parece tan cerca –y después de tantas horas sentado en el avión… ¡menos!
 
Antes sólo podíamos entrar en contacto con la gente que nos rodeaba y conocer por medio de periódicos, enciclopedias y libros, la radio o la televisión. Y esos medios nos hacían llegar información. Pero nuestra opinión, nuestras dudas quedaban restringidas a un ámbito local, a las redes directas e inmediatas. Ahora no.
La gran diferencia es que lo que opinamos ya no queda reducido a un pequeño círculo de personas. Ahora, la genialidad o la estupidez que digamos puede llegar a cientos de personas, o hasta miles, a diferentes lugares del mundo, y en segundos. Eso nos hace partícipes, como antes, de nuestra realidad; pero podemos proyectarla más lejos y a más gente, consiguiendo una mayor repercusión.
Los seres humanos, aunque con más medios a su alcance –y eso sólo aquellos que por motivos socioeconómicos tienen acceso, pero eso es otra discusión- siguen en el mismo dilema: ¿Qué decir? ¿Con qué fin? ¿A quiénes?
¿Tiene algún sentido profundo lo que compartimos en las redes? ¿Sólo compartimos lo primero que pasa por nuestras mentes? ¿Le interesa a los demás saber lo que estamos haciendo? (Me voy a bañar, me estoy haciendo un taco, tengo calor, etc.) ¿Qué buscamos al participar en esas “conversaciones grupales” de cientos a la vez? ¿Lo sabemos o estamos allí sólo por inercia?

Este fenómeno es muy reciente como para poder generar respuestas en este momento. Además, es un espacio de participación, y más allá de las teorías y explicaciones que surjan con el tiempo, creo que lo importante es que nosotros, los internautas, aquellos que participamos en una o varias redes, nos cuestionemos a nosotros y entre nosotros. ¿Para qué estoy en la red y comparto lo que comparto? ¿Con quienes me conecto y por qué? ¿Qué quiero lograr, transmitir o compartir con los otros?
Pareciera que el siglo XXI aventaja al siglo XX en la capacidad de participación de las personas como consumidores, usuarios, ciudadanos, que tienen más medios a su alcance para expresar su opinión. En el siglo pasado, las quejas de nuestros padres y abuelos sólo las oíamos nosotros y el vecino, y allí quedaba. Se vivía con cierta impotencia ante las decisiones del poder (el gobierno, la empresa, los directivos del partido o el sindicato, los padres, etc.).
Ahora las redes en particular e internet en general permiten una mayor expresión de nuestras ideas. ¿Tenemos algo que decir?

 








El poder de las redes sociales:


martes, 9 de agosto de 2011

"El virus de la actitud”


Sin duda, ésta es una metáfora acertada, ya sea porque las actitudes son altamente contagiosas cuanto más interacción tienen los miembros de una organización, o por el hecho de que nos encontramos -en muchas ocasiones- ante “organizaciones enfermas”. Por ello, es importante destacar la relevancia de los elementos que deben ser tomados en cuenta para descubrir problemas en una organización, que permiten diagnosticar el estado del “paciente” y administrar una solución.
                                                                                              
En primer lugar, estar plenamente conscientes de los objetivos de la empresa y de la estrategia para lograr las metas ayuda a clarificar y otorga sentido a las actividades diarias; si no tenemos esta información o no la comprendemos, difícilmente lograremos trabajar en equipo y optimizar las capacidades de cada quien y aprovechar los talentos.

Asimismo, compartir la información mejora el desempeño de la organización porque brinda a todos una visión más amplia de la situación y de las necesidades. Estos dos componentes están estrechamente vinculados con los flujos de comunicación que son la parte viva de la estructura organizacional, y que por este motivo es tan vulnerable ante los colaboradores pesimistas, los irresponsables, los desmotivados, los resistentes a los cambios o los irascibles. Sus actitudes y conductas afectan directamente el tráfico de la información e impactan sobre todo el sistema.

En este sentido, los líderes son un elemento fundamental para el desarrollo organizacional, porque son quienes se encuentran cerca de los colaboradores, los impulsan a mejorar y a responsabilizarse, canalizan y favorecen la reflexión, resaltan lo positivo y propician el cambio de actitud.


Florencia L. Caliendo

Quino





viernes, 1 de julio de 2011

Dispositivos


 
Según el diccionario de la Real Academia Española, Tecnología es: Conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico. // 2. f. Tratado de los términos técnicos. // 3. f. Lenguaje propio de una ciencia o de un arte. // 4. f. Conjunto de los instrumentos y procedimientos industriales de un determinado sector o producto.

En este sentido, no se refiere exclusivamente a determinados aparatos electrónicos, ni se define una caducidad, o un público objetivo al que esté destinada. No hay tales restricciones.

Por ello es importante replantearnos si un descubrimiento, técnica o instrumento nuevo debe desplazar a otros, anteriores, en cualquier caso. Es posible que ciertas mejoras se incorporen fácilmente ocupando el lugar de su antecesora –especialmente si son sutiles o pequeñas.

Pero en el caso de transformaciones más profundas, que implican todo un universo de diferentes posibilidades y expectativas, es necesario avanzar con más cautela. La aparición de una red de comunicaciones, que permite intercambios múltiples a gran distancia y en tiempo real, ha sido un cambio que trastocó completamente la visión del mundo en menos de 20 años; eso es muy poco tiempo.

Por ello, abandonar de manera impulsiva todo lo anterior podría no ser la mejor opción. Creo que cada herramienta tiene sus ventajas y desventajas; algunas soluciones de la antigüedad han demostrado ser la mejor manera de hacer algo, como el sistema de irrigación de cultivos en terrazas, que usaban los Incas (entre otros); o los múltiples acueductos romanos; o el arado de hierro –que fue usado por primera vez por los chinos hace miles de años.

Dicen que “no todo lo que brilla es oro”; soy partidaria de la nueva tecnología, pero también de aquella que nos ha acompañado y facilitado la vida por años y décadas, así que planeo conservar mis libros impresos con anotaciones y marcas, mi pasacasete y un buen teléfono con cable -que sigue funcionando aunque se corte la electricidad. ¿Y ustedes? ¿Qué conservarían?

Florencia L. Caliendo



viernes, 6 de mayo de 2011

Comunicación y confianza

La base de una comunicación efectiva es siempre la confianza. Sin ella sería imposible cualquier intercambio. Confiar en otro implica tener una “esperanza firme” en su fidelidad, en su lealtad a las normas compartidas.

En este sentido se puede citar el dilema del prisionero” que fue desarrollado en un principio por Merrill Flood y Melvin Dresher. Posteriormente Albert W. Tucker formalizó la relación entre las recompensas penitenciarias.

Este problema, que ilustra los beneficios de la cooperación, plantea que dos personas, sospechosas de un crimen, tienen más posibilidades de salvarse de una condena prolongada si optan por encubrirse a sí mismos y al otro negándose a confesar y delatar. En el planteo, ambos detenidos son tentados con salir bien librados si acusan a su compañero, pero si uno no es lo suficientemente rápido en delatar al otro, pasa a ser el delatado y quien se lleva la mayor pena.

Dado que este juego lógico sobre la confianza resulta un poco confuso en términos de criminales y sentencias, prefiero compartir este otro planteo, de Douglas Hofstadter mucho más significativo y esclarecedor a mi parecer:  

“…la gente encuentra muchas veces problemas como el dilema del prisionero, más fáciles de entender cuando están presentados como un simple juego o intercambio. Uno de los ejemplos que usó Douglas Hofstadter fue el de dos personas que se encuentran e intercambian bolsas cerradas, con el entendimiento de que una de ellas contiene dinero y la otra contiene un objeto que está siendo comprado. Cada jugador puede escoger seguir el acuerdo poniendo en su bolsa lo que acordó, o puede engañar ofreciendo una bolsa vacía. En este juego de intercambio el engaño no es la mejor opción, pues si los dos anteponen su egoísmo al bien común nunca serán capaces de realizar un intercambio, ya que las dos personas siempre darán la bolsa vacía”.

En este mismo sentido, Jones y George (1998) establecen que “el conocimiento y la información no pueden ser intercambiados libremente cuando una parte no está segura de cómo la otra va a usar la información”.

La confianza se construye a través de un proceso paulatino de interacción y conocimiento mutuo, sobre la base de una experiencia individual de comunicación con el otro. Se funda, en primer lugar, sobre el sistema personal de valores, pero también está determinada socialmente, ya que desde el entorno se definen las sanciones para quienes no respetan las reglas explícitas o implícitas de la confianza (por ejemplo, la reducción del intercambio de información con dicha persona).


Es evidente entonces que construir y preservar la confianza dentro de las organizaciones es vital para mantener el dinamismo y buen desenvolvimiento de los flujos de comunicación. Sin confianza mutua, las personas no son capaces de trabajar en equipo y superar sus desacuerdos, generando barreras que pueden comprometer la estabilidad y productividad de la organización.

FLC

Quino




martes, 3 de mayo de 2011

Inteligencia emocional


Las relaciones humanas -tanto personales como laborales- están marcadas por las emociones y un manejo adecuado de ellas facilita la convivencia. En este sentido, las manifestaciones impulsivas o exageradas pueden resultar un problema, ya que suelen generar rechazo y conflicto.

Las emociones son activadas por nuestros pensamientos, más precisamente por la forma como interpretamos los sucesos cotidianos. Este proceso de valoración, positivo o negativo, de los hechos que vivimos o presenciamos es el verdadero motor de nuestras acciones.


Pero el factor más importante a tomar en cuenta es el hecho de que muchas de nuestras percepciones se generan automáticamente (inconscientemente) por lo que podemos reaccionar de una forma negativa sin darnos cuenta, y desencadenar consecuencias indeseables.

Daniel Goleman, en su libro La práctica de la inteligencia emocional, explica de dónde provienen nuestras reacciones instintivas:

“La amígdala es el banco de la memoria emocional del cerebro, el lugar en el que se almacenan todas nuestras experiencias de éxito, fracaso, esperanza, temor, indignación y frustración, actuando a modo de un centinela que supervisa toda la información que recibimos —es decir, todo lo que vemos y oímos, por ejemplo, instante tras instante— para valorar las amenazas y las oportunidades que van presentándose, cotejando lo que está ocurriendo con las pautas almacenadas de nuestras experiencias pasadas”.

Cuando tenemos una reacción inmediata ante un estímulo, Goleman asegura que somos víctimas de un “secuestro amigdalar”; es decir, que nuestra amígdala toma el control y dirige por un momento nuestras acciones, en vez de hacerlo nuestro cerebro, que sí tiene la capacidad de sopesar variables e interpretar más adecuadamente cada situación.

A la capacidad de neutralizar estas respuestas automáticas, frecuentemente agresivas o defensivas, y permitir al razonamiento lógico generar soluciones más satisfactorias se suele llamar inteligencia emocional.

Es más, cuando en el libro se aborda esta capacidad de control de las propias emociones se define como autorregulación emocional y plantea que “no sólo tiene que ver con la capacidad de disminuir el estrés o sofocar los impulsos, sino que también implica la capacidad de provocarse deliberadamente una emoción, aunque ésta sea desagradable”.

Actualmente, esta capacidad es tan importante como el conocimiento específico que debe tener un empleado para desarrollar sus tareas. El trabajo en equipo y mantener comunicación con muchas personas diariamente requieren de altas dosis de tolerancia, empatía o entusiasmo, entre otras emociones.

Poseer o no una habilidad semejante podría significar el surgimiento de una nueva brecha: la brecha emocional, que sumada a tantas otras ahondaría el espacio existentes entre quienes tienen las habilidades y el acceso a las oportunidades de crecimiento, y quienes no.

FLC

Quino




miércoles, 27 de abril de 2011

LA COMUNICACIÓN... INFORMAL




Por otro lado, no podemos ignorar que existen comunicaciones informales, poco sujetas a control y de flujo libre entre individuos de diversas áreas y funciones.

Ante todo, debemos tomar en cuanta que la comunicación informal no es buena ni mala. Es más, algunos autores caracterizan la comunicación informal como una forma adecuada de satisfacer las necesidades sociales de los miembros de un grupo.

Katz y Kahm, afirman que la comunicación horizontal suele verse como comunicación informal, porque se da a través de redes de información personal y social más que por autoridad oficial o formal; por este motivo, generalmente es flexible e inestable.

Asimismo, puede tener consecuencias negativas. Las investigaciones indican que la comunicación informal toma la forma de rumor o chisme cuando falta información en asuntos de interés para los empleados, si la información es imprecisa o se revela en un momento inoportuno, o por desconfianza en la información que se trasmite, de ahí que se acentúe en situaciones de crisis o procesos de reestructuración.

Por dichas razones, es evidente la necesidad de encausarla brindando suficiente y fundamentada información por todos los canales formales existentes, para minimizar las posibles consecuencias negativas que el inevitable “relleno de huecos” puede producir en el intercambio de mensajes.

El papel de los directivos en este proceso de circulación de mensajes es protagónico. Fingir ignorar lo que todos comentan a puertas cerradas, no es la mejor estrategia; deben sacar esos asuntos a la luz, explicarlos brevemente y responder preguntas lo mejor que puedan. Es posible que no puedan dar muchos detalles, pero brindar la mayor cantidad de información es esencia: la confianza disminuirá si se sospecha que esconden algo y esto es lo que se debe evitar.

No debemos olvidar que este tipo de relaciones “está basado en la espontaneidad, no en la jerarquía, surge de la interacción social entre los miembros y del desarrollo del afecto o amistad entre las personas. La comunicación informal puede beneficiar o perjudicar a las empresas, según como se emplee. De forma positiva, ayuda a la cohesión del grupo y a dar retroinformación sobre diferentes aspectos del trabajo realizado. De forma negativa, el rumor o chisme, es un distorsionador de la productividad y no ayuda, solo demora y perjudica a las personas y a la organización”.

Esta forma de comunicación, así como la horizontal, puede ser la clave para minimizar la profundización de las brechas que existen dentro de las organizaciones (reflejo directo de la situación social), ya que las mismas tienes sus raíces en la empatía que se da naturalmente entre los individuos; pero también pueden estimularse conscientemente -por medio de actividades de integración- para favorecer el intercambio y estimular una mejor distribución de información-conocimientos.

FLC

Quino

martes, 19 de abril de 2011

COMUNICACIÓN ASCENDENTE


Es la comunicación que fluye desde los subordinados hacia los mandos medios y superiores (política de puertas abiertas, plantear problemas, charlas informales o reuniones de carácter formal -juntas, exposición de resultados parciales- y buzón de sugerencias).

Su buen funcionamiento es esencial, porque influye en los empleados y les permite percibir un interés real de sus superiores hacia ellos; esto ayuda a disminuir las presiones de trabajo y la tensión en las relaciones interpersonales, facilitando la integración y el trabajo colaborativo.

Es de vital importancia porque proporciona retroalimentación acerca del progreso hacia las metas y revela problemas incipientes. Además, permite a los directivos captar ideas de los empleados sobre cómo pueden ser mejoradas las tareas y procesos.

A pesar de su gran potencial, la comunicación ascendente aún no está instalada entre los hábitos de las organizaciones. Muchos directivos suelen  percibirla como una amenaza a su autoridad, por la percepción (real o exagerada) de las diferencias de status creadas o las normas sociales de conformidad en el trabajo.

 Una mayor estimulación a la comunicación ascendente resulta imprescindible en circunstancias en que el conocimiento está disperso por toda la organización y muy pocas personas tiene una visión completa de los problemas existentes y las posibles soluciones.

Recomendaciones para la presentación de propuestas como forma de comunicación ascendente

         Considerar el formato inicial de presentación.
         Hablar el lenguaje de la organización.
         Considerar diferentes bases de argumentación.
         Presentar las conclusiones al inicio.
         Ser breve.
  
 FLC

  Quino


martes, 8 de marzo de 2011

Filosofía Organizacional 2









Para aquellos que estamos metidos hasta las orejas en Comunicación Organizacional –el estudio sobre las prácticas comunicativas de todo tipo que se establecen, siempre e inevitablemente, en cualquier grupo reunido que trabaje en pos de un objetivo común-, es el pan de cada día hablar de la filosofía organizacional. Sabemos, casi mecánicamente, que está delineada por la misión de la empresa –su razón de ser, lo que hacen todo los día-, la visión –a dónde aspiran a llegar, su meta a mediano o largo plazo- y los valores –aquellos principios morales que dictan un código de conducta entre los miembros de la organización-.

En el entorno estrecho de los colegas, hay multitud de sobreentendidos y no nos detenemos a pensar si los de “afuera”, los que no pertenecen a este entorno de estudio o práctica de la comunicación pueden comprender de qué hablamos realmente o si se figuran que de nuestras bocas salen globos blancos, como en los diálogos de una historieta, repletos de signos indescifrables…

Por ello, para facilitar la lectura de este espacio a cualquiera que desee adentrarse en esta selva de sentidos y códigos que es la comunicación, decidí buscar diferentes formas de explicar de qué se trata tener una filosofía organizacional y para qué sirve.

Por suerte para mí, Ana María Puccinelli, profesora, periodista y consultora en capacitación decidió compartir alguna de sus ideas en este espacio infinito que es internet. Ana María expresa de manera inteligente y poética un concepto que suele convertirse en un espacio vacío a fuerza de repetirse hasta el hartazgo…

“Vivir la filosofía en la organización es tener un espacio de reflexión,
guiado por un filósofo, que convertirá este hacer en un hábito”

Sí… Así es, la filosofía organizacional cumple exactamente esa función, ser el tutor que guía al tallo débil del brote aún tierno para crecer en la dirección correcta. Contamos con estos enunciados (misión, visión y valores) porque son la expresión de nuestra identidad, lo que somos, lo que queremos lograr, en qué dirección deseamos crecer y de qué manera alcanzaremos nuestro propósito.

Ese espacio de reflexión es un ejercicio que debemos realizar frecuentemente, hasta que se convierta en un hábito saludable de autocrítica, que nos permitirá evaluar nuestros actos y corregir el rumbo cuando sea necesario para volver a la senda marcada.

Pero ¿Para qué querríamos tomarnos tantas molestias? Porque es inherente al hombre el deseo de mejorar y superarse a sí mismo, en primer lugar; y porque, finalmente, nuestra participación en esa agrupación suele revelar algo de nuestra esencia, un interés que es rasgo de nuestra personalidad, que también puede estar aderezado de un incentivo económico.

Ana vuelve a darme luz en este asunto y ella define a la filosofía organizacional como una “herramienta intelectual”. Efectivamente, la filosofía es un elemento intangible que sirve para “arreglar” o “ajustar” la operación de esa máquina viva que es la organización.

El hombre se ha valido a lo largo de su historia de más herramientas intangibles que de objetos concretos para lleva a cabo sus proyectos; y, en cualquier caso, esos mismos instrumentos materiales surgieron de una idea, de una o varias personas. Así se vuelve evidente el carácter construido del mundo en que vivimos: es producto de nuestras ocurrencias.

Nunca tanto como ahora, el mundo que nos rodea está plagado de objetos que debemos utilizar “correctamente” para entablar relaciones de todas clases, en lo personal o lo laboral. Pero la situación económica ubica en diferentes grados de acceso al objeto, y al conocimiento necesario, para manipularlo según las expectativas sociales.

Esta diferenciación entre los que controlan los objetos y los que no, marca un parte aguas muy particular que se ha dado en llamar la “brecha digital”.


FLC


Fuente



Quino